Libros: realidades con tapa y contratapa.

El   23 de abril celebramos  el “Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor”.

Un día en el que hablamos de cuentos, novelas, poesías,  de autores que marcaron un antes y un después en nuestras lecturas,  de obras de arte letrado capaces de emocionarnos, porque, precisamente,   la literatura es el producto de una actividad creadora cuyo medio de expresión es la palabra.

Hoy, en esta  publicación, deseo  reflejar el pasado y el presente, la tapa y contratapa que, a veces, vive un libro,  una realidad para tener presente.

El pasado feliz, ya que en Cataluña nació la  idea original de la celebración del Día del Libro, por parte del escritor valenciano Vicente Clavel Andrés, proponiéndola a la Cámara Oficial del Libro de Barcelona en 1923 y aprobada por el rey Alfonso XIII de España en 1926. El 7 de Octubre de 1926 fue el primer Día del Libro, poco después, en 1930, se instaura definitivamente la fecha del 23 de abril como Día del Libro, donde este día coincide con Sant Jordi – San Jorge, patrón de Alemania, Aragón, Bulgaria, Cataluña, Etiopía, Georgia, Grecia, Inglaterra, Líbano, Lituania, Países Bajos, Portugal, Eslovenia y México. Es tradicional regalar una rosa al concluir una lectura, evento o pregón y que los enamorados y personas queridas se intercambien una rosa y un libro”.

El presente un tanto gris, porque una escuela pública de Barcelona  retiró de la biblioteca infantil 200 cuentos al considerarlos “sexistas” Esta decisión se fundamenta en “..que los personajes femeninos aparecen sobre todo realizando tareas de cura, de maternidad y en roles relacionados con el amor mientras que los personajes masculinos salen en situaciones en las que demuestran su valentía o fuerza”.

 Es una decisión que nos “confunde”, un pasado y presente ya conocidos, la tapa y contratapa de otras realidades…

Un pasado vivido  en primera persona, la prohibición de libros por parte de la dictadura militar argentina, en mi infancia y adolescencia, autores tan significativos por generaciones como María Elena WalshElsa BornemannLaura Devetach  ,Augusto Bianco  por nombrar solo algunos, bajo las instrucciones de Operación Claridad firmadas por el jefe del Estado Mayor del Ejército, Roberto Viola), como “ideada para detectar y secuestrar bibliografía marxista e identificar a los docentes que aconsejaban libros subversivos”.

Mi presente en libertad porque  aunque mi biblioteca no cuente con todos los libros que desearía y la pública,  casi no tenga literatura en español. (Inconvenientes de no vivir en un sitio hispanohablante), hace muchos años que nadie me prohíbe ningún texto,

Dos caras de este ir y venir, de publicar y censurar, que me lleva a dedicar unas líneas a una de mis escritoras para niños y jóvenes preferida, Elsa Bornemann.

Antes y ahora, a tal punto que es leída por mis estudiantes adultos  de ELE, presentada en mis talleres de formación de profesores y sus textos son un recurso explotado de  los cursos en línea de narrativa transmedia realizados por Sin fronteras.

Viajamos a 1975, a las páginas de Un elefante ocupa mucho espacio, una antología de cuentos incluida en 1976 en la Lista de Honor del Premio Hans Christian Andersen, elaborada por International Board on Books for Young People (IBBY) y prohibida por decreto de la Junta Militar, un año más tarde.

Según expusieron «se trata de cuentos destinados al público infantil con una finalidad de adoctrinamiento que resulta preparatoria para la tarea de captación ideológica del accionar subversivo» y que «de su análisis surge una posición que agravia a la moral, a la familia, al ser humano y a la sociedad que éste compone»

Para quién no haya leído de estos maravillosos relatos, sus personajes protagonizan historias que pregonan la libertad, la amistad, la solidaridad, la justicia, palabras de difícil pronunciación en aquellos tiempos grises.

Un elefante ocupa mucho espacio o El pasaje de la Oca nos han mostrado desde la construcción literaria,  la importancia de luchar por los ideales, en contra de la opresión y buscando siempre el respeto por la persona y su historia.

Y fueron censurados, quitados de las manos de los docentes y retirados de la vista infantil.

Hoy,  el “Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor” necesita convertirse en el eco de la libertad de  expresión y el derecho a leer como también de  la gran posibilidad del ser humano de reflexionar, de analizar y discernir.

Leer es fundamental para crecer hacia fuera y hacia dentro.

Creo que  hay que contar  la Caperucita para crear consciencia, para  mostrar problemáticas como la violencia de género, ver lo simbólico, los riesgos, miedos, peligros y prejuicios que tiene la sociedad  y no prohibirlo.

La verdadera libertad  del ser humano se nutre de la lectura crítica y  es nuestro deber como adultos, desarrollar en los niños esta capacidad.

 Como lectora, madre y docente, puedo afirmar que censurar o prohibir un texto, no lo mata. Solo lo deja oculto, quizás con un poco de polvo, pero con una campanita que sonará en algún momento, nos despertará y nos gritará sus palabras.

 En palabras de Bornemann, «En mi casa podían faltar muchas cosas, pero libros, no», confesó en una entrevista. «Mamá y papá leían mucho. Mi mamá tenía los libros que no se podían leer forrados de blanco y, cada vez que me quedaba sola, me iba corriendo a buscar uno de los blancos. Así leí el libro El matrimonio perfecto; Ana Karenina”.

Celebremos el Día del libro y del Derecho de Autor con las páginas bien abiertas y sonoras, con   rosas o margaritas, no importa, pero con los ojos despiertos para volar…

Quizás leyendo Lobo rojo y Caperucita feroz, recordando a su autora.

Marcela Fritzler

Sin fronteras.

 

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